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Ayer nuevamente tuve el honor de formar parte del Colors Sitges Queer Fest , esta vez como invitada en la mesa redonda titulada: «Literatura LGTBIQ+: ¿Cuánto hemos cambiado?».

Fue una experiencia nutricia y enriquecedora, como persona y como escritora, o aprendiz de escritora porque ¡Cuánto queda por aprender! Y eso me fascina.

La mesa fue dirigida por mi admirado -y hermano de país (también es venezolano)-, Manuel Gerardo Sánchez que con su estilo perspicaz y cuestionador, y su amplísima formación, conocimiento y recorrido literario me llevó a una reflexión profunda sobre el poder de la palabra. Tuve el privilegio de compartir dicha mesa con: Mi admirada Sandra Bravo de Hablemos de Poliamor, persona cuya humildad y estar risueño me hizo reflexionar acerca de los privilegios que tenemos algunas personas y cómo influyen en la forma de relacionarnos y amarnos. Os animo a que leáis su libro «Todo eso que no sé cómo explicarle a mi madre».

A mi lado izquierdo, Robert Monzonis una persona encantadora, psicólogo de profesión, cuya serenidad y puntualizaciones sobre el comportamiento humano me hizo reflexionar acerca de la bisexualidad. Y finalmente, a mi diestra, Pablo Wessling, autor de Tres chicos buenos, una persona cuya sensibilidad, sencillez y empatía me enamoraron.

Al finalizar nuestra ponencia, el espectáculo continuó y coincidí con una maga de las artes escénicas que con su carisma transforma historias para sembrar alegría en quienes la ven, es Marta Marco. Una belleza de persona. Y el cierre de oro, la gente de Flamenco Queer que me tuvo todo el rato con la piel erizada y los ojos con lágrimas.

Me despido del Colors Sitges Queer Fest con el corazón expandido y muchas ganas de seguir creando, aprendiendo (y desaprendiendo), colaborando e intercambiando ideas y perspectivas con otras personas. Llevo las manos adoloridas pero el alma llena de sonrisas, de conversaciones que tambalean las convicciones y de experiencias que tornan la mirada hacia lo colectivo. Gracias.