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Va de ocultar y ocultarse.

Oculta_Martha_Lovera

¿Hay historias que nacen para permanecer ocultas detrás de una puerta? En ocasiones reflexiono acerca de ello y en esa reflexión coincidí con «La oculta», nombre que los personajes de la novela «El olvido que seremos» de Héctor Abad Faciolince le dieron a una finca; una propiedad de los protagonistas de la historia en la que suceden algunos acontecimientos importantes de la trama.  

Oculta/o, según la RAE, significa: «escondido, ignorado, que no se da a conocer, ni se deja ver ni se deja sentir», significa «que está tapado o cubierto con algo». También tiene la acepción de: «que no tiene explicación o no se puede entender por ser misterioso o enigmático» (esta me gusta más).

Considero que hay mucho oculto en nuestros días. Intenciones, sentimientos, emociones; acciones pasadas, pensamientos futuros, planes y deseo, recuerdos e historias. Y es que hay cosas que al parecer, en esta sociedad, nacieron para mantenerse ocultas.

Se oculta el niño travieso que toca el interfono y sale corriendo, se ocultan amoríos y a los amantes, y hasta a veces se oculta la necesidad de abrazar (amar o sentir) cuando se intuye que no encaja en lo establecido o no será correspondido.

¿Se oculta el odio? No, a veces se nos permite mostrarlo.  De hecho, en los medios de comunicación día a día desfilan más actos violentos que besos apasionados. A algunas personas les han enseñado desde pequeñas a que se les note la rabia, esa que emana de sus entrañas desde la incomprensión por lo diferente y desconocido. A otras en cambio nos han prohibido hasta sentirla.

Y el amor, ¿se oculta el amor? Parece que eso es harina de otro costal. Al amor, según la forma en que se exprese,  al parecer a veces también hay que mantenerlo oculto, que si no eres una fresca. «Que no se te note que te gusta no sea que pierda el interés». Es lo que sucede con las féminas. A los chicos directamente se les pide ocultar lo que sienten, si es frustración o pena. De sus lágrimas ni hablar porque «los machos no lloran»

Por ocultar a nosotras nos enseñan desde pequeñas a ocultar nuestro sangrado y algunas madres se han visto en la tesitura de ocultar el pecho con el que alimentan a sus retoños. «Tápate, que no te vean la teta». Y así nos escondemos tras una puerta que cierran desde fuera y que nos impide SER y vivir como deseamos y necesitamos.

Que necesitas cuidados y atención, ¡te aguantas! Que sientes celos o frustración, mejor lo escondes. Que sientes deseo, disimula la intensidad. Que te duele algo, calladita y no seas exagerada. De la misma forma, cómo no, se espera que ocultemos nuestra felicidad si quienes nos rodean lo están pasando mal, y se exige ocultar la tristeza si al de al lado le está yendo bien.

«No cuentes tus planes y proyectos», «no digas cuánto ganas», «no se lo cuentes a tu marido», «no se lo digas a mamá» y así un sin fin de absurdeces. ¡Cuántas cosas permanecen ocultas en la cotidianidad!

Dicen que todo ser humano tiene un deseo inconfesable o como mínimo algo que ocultar, y hay quienes desarrollan destreza para ocultar quiénes son y esconder una parte de su vida. Eso me ha llevado a hacerme la siguiente pregunta: ¿está la sociedad preparada para que los seres humanos nos mostremos tal y como somos? Creo que, como yo, sabéis la respuesta.

Está claro que a veces ocultamos lo que sentimos o pensamos por temor a ser juzgados o etiquetados. A veces ocultamos lo que hacemos, bien para evitar destacar (no sea que el ofendidito de turno se resienta), bien para evitar daños colaterales. A veces ocultamos nuestros errores para evitar que nos señalen. A veces ocultamos que amamos para escapar de la posibilidad de que nos dañen.

Y de ocultación en ocultación nos vamos desdibujando tras un personaje que poco a poco crece y a veces nos supera, hasta el punto de no reconocernos.

¿Y tú? ¿Qué ocultas?