Ceguera

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Va de sufrir ceguera sin ser ciego.

ceguera martha lovera

Ceguera, según la RAE, aparte de: “total privación de la vista” o “especie de oftalmia que suele dejar ciego al enfermo”, también significa: “alucinación, afecto que ofusca la razón”. Y a eso me refiere cuando afirmo que no es lo mismo ser ciega que estarlo, porque podemos estar ciegos sin necesidad de serlo por ejemplo, cuando nuestros órganos visuales funcionan perfectamente pero no logramos ver. ¿me seguís?

Echando mano de esta acepción pienso que muchas personas estamos o hemos estado alguna vez sufriendo de ceguera. Lo estamos cuando algo nos nubla hasta el punto de vendarnos los ojos, y vaya si hay situaciones, circunstancias, momentos y personas que pueden cegarnos. Desde esta perspectiva, considero que podemos quedarnos a ciegas de dos maneras, o porque nos encandilan o por quedarnos a oscuras.

Según lo veo, el primer mecanismo podría darse cuando algo hermoso, sublime o maravilloso se posa frente a nuestros ojos y, al recibir su destello, sucede lo mismo que al mirar al sol, que imposibilita ver lo que es. ¿No sucede así cuando nos enamoramos? ¿Os suena de algo? Estoy segura que sí.

Qué bonita sensación esa y qué duro cuando, nada más se ajustan las pupilas, logramos ver que, lo que parecía tan brillante, en realidad solo era un espejismo. ¿El motivo? La caída de las hormonas del enamoramiento que nos estampa contra la realidad. Lo bueno es que, nada más recuperamos la visión, casi siempre se ha establecido un vínculo y la voluntad y el compromiso abren paso al amor, aunque esto no siempre sea lo adecuado, pero eso da para otra entrada.

La segunda causa de ceguera, según mi opinión, es la oscuridad absoluta, esa en que muchas personas hemos estado en algún momento de nuestras vidas. Cuando algo doloroso nos golpea y nos empuja al lado oscuro, empañando las gafas con las que vemos la vida.

Una decepción, una ruptura, la pérdida de un ser querido, hace que perdamos la capacidad de disfrutar del brillo que hay en la alegría de lo cotidiano. De pronto todo está en una escala de grises vacía y triste. A veces sucede por el efecto de sustancias que nuestro organismo secreta, como cuando se eleva el cortisol (la hormona del estrés) y nos paraliza, y nos sumerge en tal ceguera que hasta dejamos de ver quiénes somos. ¿Pero solo el dolor puede cegar? Creo que no, creo que la mayor ceguera es la ignorancia.

Estos días, a propósito de lo que sucede en el mundo, he visto con dolor cuánta ceguera produce la ignorancia, la falta de empatía y las ansias de poder y control. Lo que unos cuantos están haciendo a diario con millones de personas lo confirma, por ejemplo, lo que están haciendo a la población afgana.

Siempre que la ignorancia se hace con una posición de poder, ciega y deja ciegos, y lo peor, quita luz a millones de inocentes.

Qué dolor y qué pena que haya tanta ceguera que, unida a que muchas personas miramos en otra dirección, provoque que a demasiados inocentes les apaguen la luz de la vida . Y no solo se los deja a ciegas, también sordos, mudos e inmóviles ante la impunidad con la que campan la injusticia, el despotismo, el dogmatismo y el autoritarismo. ¿Cuánto sufrimiento necesitamos como humanidad para dejar de mirar desde lejos, fijar la vista en lo verdaderamente importante y pasar a la acción?

Hoy el foco de esos seres oscuros está allá, en Afganistán, Cuba o Venezuela (para hacer corta la lista), y nosotros (desde una posición privilegiada) miramos desde la talanquera, y olvidamos que ese foco puede cambiar en cualquier momento.

Me permito recordarnos que un día, no hace mucho, el foco estuvo aquí. No hace mucho, por estas fechas y por estos lares, le apagaron la mirada a millones de inocentes, entre ellos a un poeta, el que quería todo verde, el que le pedía a la luna que huyera. A Lorca lo cegaron porque veía el mundo, el amor y las relaciones de forma diferente a la de sus opresores. Por fortuna sus letras transcendieron a la ceguera de sus captores y asesinos ( y la de quienes miraron hacia otro lado) y, pese a ellos, muchos años después, Lorca aún sigue vivo.

Pero no todos han podido vivir después de que les mataran y se nos olvida. Lo olvidamos porque ahora estamos bien, porque quienes tienen afición de sacar los ojos a inocentes están ahora en otra geografía, pero en cualquier momento podemos ser nosotros la diana de su ignorancia y su odio.

¿Cuándo vamos a dejar de estar en esa ceguera infame?

¿Cuánto sufrimiento más estamos dispuestos a permitir, porque no es nuestro?