De la palabra a la acción.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Noria de Casas del río en el interior de valencia
De la palabra a la acción

Una de las ventajas de las buenas acciones

es la de elevar el alma y
disponerla a hacer otras cosas mejores.
En la antigüedad a nuestra especie le costaba emitir palabras. Nuestro aparato fonológico y nuestro cerebro no estaban preparados para ello. El lenguaje se resumía en sonidos guturales. Sin embargo, se poseía habilidad para pintar cavernas y con ello transmitir información. Desde hace relativamente poco tiempo en nuestra evolución, los seres humanos hemos cambiado este orden aprendiendo antes la palabra oral que la escrita. Así, se tiende a hablar y hablar sin parar. Muchas veces hablamos para expresarnos, otras para escondernos, produciendo con nuestras voces el ruido necesario que nos sirva de refugio. En ocasiones hablamos para responder sin detenernos a escuchar a quienes nos rodean, ni a nosotros mismos, que es aún más grave. Y es que nos encanta comunicarnos a través del habla. Susurramos, gritamos, cantamos. Hablamos sobre planes, proyectos e intenciones. Sin embargo, a veces nos cuesta aterrizar todos esos sonidos y darle una estructura en el día a día para convertirlos en acción. Bien lo dicen por allí: “hablar es que es muy fácil, hacer es lo que cuesta”.
En mi caso, siempre que he tenido una idea o proyecto en mente, he necesitado hablar lo justo de ella y sentarme con papel y lápiz a escribirla. Trazo rutas de posibilidades. Listas de cosas por hacer. Variables que considerar. El momento que más me gusta es el de hacer la lista de pro y contras porque, aunque me considero una mujer de acción, necesito tener clara la ruta hacia dónde quiero dirigir mis esfuerzos y energía. Aún así he de confesaros que cuando me senté cara al ordenador, hace ya casi seis años,  no tenía ni la menor idea de que aquellas palabras que vagaban por mi mente y que transcritas a la hoja en blanco terminarían convirtiéndose en el manuscrito de una novela. Ahora, transcurrido todo ese tiempo y después de muchas páginas trazando rutas, después de horas invertidas llevando a pequeñas acciones el ideario que pululaba inquieto en mi mente y en mi alma. Ahora ha llegado el momento de ver el fruto de ese esfuerzo. Eternamente en tus ojosse está imprimiendo a una velocidad de vértigo. Quizás no sea tan deprisa y el vértigo solo lo siento yo y por ello lo proyecto en todo lo relativo a este proceso pero, después de tanta espera, parece que todo está ocurriendo muy rápido. Definitivamente es a su ritmo aunque a mi se me antoje acelerado.
Sé que muchas veces, sobre todo en cuestiones de suma importancia o decisiones transcendentales,  ir de la palabra a la acción no es sencillo. Hay miedos que acechan. Inseguridades que desestabilizan. Y las excusas, ¡Ay las excusas! Esas son mis favoritas. Qué hábiles son para camuflarse. No os podéis imaginar la de excusas que me puse durante todos estos años para evitar “poner en acción” las palabras que tanto tiempo habían estado contenidas en mi interior. Por fortuna, una vez puesta en marcha y con la excusa (otra vez excusas) de presentarme a un concurso de narrativa, acoté mis acciones a un plazo estipulado y ya no hubo forma de echarme atrás. Ese pequeño movimiento llevará a que dentro de muy poco tengamos a Eternamente en tus ojos en nuestras manos.


Estaros atentas y atentos que en breve os daré más detalles de la presentación.