Llegadas y Salidas

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Eternamente en tus ojos con el mar al fondo



Llegadas y Salidas 

Seguro que a todas y todos os suena el título de esta entrada. Sin duda lo habéis visto en algún aeropuerto o estación de tren. A mi esos espacios siempre terminan llenándome de nostalgia. Esos encuentros y despedidas me atrapan sin remedio alguno, me dejan sin defensa. Sucumbo a la fuerza de los vaivenes de ese movimiento que a oleadas, tras el aviso de un alto parlante, nos impulsa en una misma dirección, hacia la misma puerta de embarque, el mismo andén. Compañeros obligados de trayecto, almas entregadas al mismo destino.
Veo, por ejemplo, a la chica que se amarra al cuello de su novio, porque seguro es su novio. Esa mirada solo se tiene durante los primeros meses de idilio. Detrás, el ejecutivo que no calla, organizando cada segundo de las horas que están por venir, soberbiamente convencido de que todo seguirá su plan. ¿Será así? No lo sabe, tampoco yo. 
La azafata nos mira pasar como quien ve pasar postes eléctricos en una carretera. Sus ojos expresan una impostada cordialidad porque en verdad no nos ve. Es su papel y probablemente esté pensando en la comida que hará esta noche, en la discusión que se quedó en suspenso con su pareja esta mañana o en lo que odia dormir sola. 
Y cuando esa imagen me despide, porque sigo caminando hacia mi vagón, apareces tú. Me estremezco mirándote vívida en mi mente.
La única vez que te acompañé a esta misma estación, hace un par de años ya, la luz era la misma, quizás el mes y la hora también. Incluso el destino era el mismo al que ahora me traslado. Vagón 7, asiento 2B, pasillo. 
Y desde muy dentro de mí, luchando contra mi auto impuesta determinación, me sorprendo extrañándote. Solo han sido unos segundo fugaces pero bastaron para volver a amarte y odiarte en el mismo instante. Y es que ahora sé, ahora después de ti, que hay amores que para ser deben permanecer lejos, muy lejos. Sin mirarse, sin tocarse, sin saberse. Solo existiendo en un recuerdo eterno de lo que fue. 

Así como se siente cuando llegan esos amores y esos olvidos. Esas bienvenidas y esas despedidas. Así mismo fue el sentir al recibir los primeros ejemplares de esta primera edición de Eternamente en tus ojos.
No sabía que se podían sentir tantas emociones y sentimientos opuestos en el mismo instante. Llorar riendo. Ser feliz de forma triste. No conocía esa sensación de vértigo impregnada de certeza porque cuando un profundo sentir estalla dentro, todo se revuelve, como con esos amores intensos, que aparecen dejando huella y desordenan para siempre todo lo que se lleva dentro. 
Eternamente en tus ojos ha llegado con paso firme, sin destino determinado más que la humilde pretensión de ser compartido. Va trazando él mismo su rumbo y deseo que disfrute de vuestra valiosa compañía y provoque en vosotras y vosotros la intensidad de esos amores que, aunque no se puedan ver, ni tocar, se hacen eternos al llevarse en lo más hondo del alma.